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Historia y Biografía de Juan Pablo Duarte

JUAN PABLO DUARTE

JUAN PABLO DUARTE (1813-1876) (Santo Domingo-Caracas, Venezuela). Padre de la patria. Nació el 26 de enero de 1813, hijo de Juan José Duarte, comerciante español nacido en Vejer de la Frontera, provincia de Cádiz (España) y Manuela Diez y Jiménez, oriunda de El Seibo, República Dominicana, a su vez, de padre castellano y madre seibana.

 Según el investigador dominicano Pedro Troncoso Sánchez, es muy probable que el padre de Duarte llegara al país después de firmado el Tratado de Basilea en 1795. ("Vida de Juan Pablo Duarte", pág. 18).
Sin embargo, luego que las tropas de Toussaint ocuparon esta zona (1801) en cumplimiento del acuerdo estipulado por ese tratado, salió del país con su familia con destino a Puerto Rico. Allí le nació un hijo: Vicente Celestino.

La familia Duarte y Diez, regresó después de terminada la guerra de la Reconquista en 1809, cuando nuestro suelo volvió a ser colonia española.

Su padre "trabajó tesoneramente y con provecho, en su negocio de efecto de marina y ferretería en general en la zona portuaria del Ozama, único en su género en la ciudad. En esta época nacieron, además de Juan Pablo Duarte, dos de los cinco hijos llegados a mayores: Filomena y Rosa, y otros fallecidos en la infancia" (Troncoso Sánchez, Ob. cit., pág. 19). Era un hombre de recio carácter, en los momentos difíciles de los primeros momentos de la ocupación haitiana (1822), fue el único comerciante peninsular que se negó a firmar el manifiesto de adhesión a Haití.

Juan Pablo Duarte fue bautizado el 4 de febrero de 1813. Las primeras lecciones de su educación formal, la recibió primero con su madre, y luego con una profesora de apellido Montilla, quien dirigía una pequeña escuela de párvulos.

De aquí pasó a una escuela primaria de varones cuyo nombre se desconoce, donde dio tempranamente muestra de poseer una inteligencia privilegiada. Más tarde fue admitido en la escuela de don Manuel Aybar. Aquí completó sus conocimientos de lectura, escritura, gramática y aritmética elemental.

Después de unos cuantos años, niño aún, recibió clase de teneduría de libros, para luego pasar, ya un adolescente, a recibir la orientación de uno de los más sabios profesores de la entonces recién cerrada Universidad de Santo Domingo: el doctor Juan Vicente Troncoso. Con él estudió filosofía y derecho romano. Aquí también ofreció prueba de una gran vocación de superación, de amor por los estudios.

Deseosos sus padres de no interrumpir las proyecciones en el campo del conocimiento de su hijo, con grandes sacrificios decidieron enviarlo a estudiar al exterior.

Se ha dicho que ya adolescente, comenzó a germinar en su espíritu el ansia de liberar a su tierra de la dominación haitiana. Pero no hay pruebas de ello. El único informe que se tiene al respecto es que, cuando emprendió su viaje con destino a España, vía Nueva York, en el curso del viaje a esta ciudad, el capitán del buque y don Pablo Pujol —a quien fue recomendado— se pusieron a hablar mal de Santo Domingo, y al preguntarle el primero a Duarte si no le daba pena decir que era haitiano, éste respondió: "Yo soy dominicano". Según datos que merecen crédito, el viaje se llevó a cabo en los finales de 1827 o a principios del 1828, es decir, cuando su edad frisaba en los 15 años.

De Nueva York —donde probablemente pasó algunos meses, pues se perfeccionó en "el estudio de idiomas"— emprendió rumbo hacia España, deteniéndose en Londres y en París. Ya en la península ibérica se ubicó en Barcelona, donde tenía familiares.

Es indudable que este viaje le abrió nuevas y amplias perspectivas. Se ha hablado mucho en relación con este punto. En un ensayo poco conocido, Joaquín Salazar sostiene que su estancia en Nueva York le permitió adentrarse en las intimidades de la política norteamericana de entonces. Y refiriéndose a su permanencia en Londres, Félix María del Monte —que más tarde se convertiría en discípulo suyo y en traidor a su ideario— expresa que se interesó en el conocimiento de las instituciones y la política inglesa. Pero como de nada esto hay pruebas documentales fehacientes, forzoso es llegar a la conclusión de que lo dicho por estos autores merece poco crédito.

De su breve estancia en Francia nada se sabe. Sin embargo, hay que presumir que, hallándose este país en el umbral de un importante movimiento revolucionario, algo tuvo él que captar, pese a su juventud, sobre las causas de la inquietud política allí reinante. A ello debió haber contribuido la admiración que probablemente sentía —dadas su inteligencia y el ansia de justicia que latía en su alma— por la gesta de la Revolución Francesa. Para entonces, lo cierto es que toda Europa se hallaba en plena ebullición política, y que fue durante el tiempo que pasó en Barcelona —tiempo que cubrió casi con toda seguridad más de dos años— cuando el viajero se sintió atraido a fondo por esta ebullición.

Cuatro doctrinas políticas sacudían en esos momentos a aquel continente el romanticismo, el liberalismo, el nacionalismo y el socialismo utópico.

Duarte, en el marco de aquella ebullición de nuevas concepciones sobre la vida político-social, se sintió en gran parte ganado por determinados aspectos de las dos primeras. Hay, además, indicios probatorios de que aprovechó su estancia en Barcelona para estudiar derecho. Fue indudablemente entonces cuando comenzó a perfilarse su ideario político, en el cual el nacionalismo y el liberalismo fraternizan, levantándose sobre un fondo romántico, pensó que nuestro pueblo era depositario de una cultura propia, que lo hacía digno de la independencia política. Alcanzada ésta, la nación debía organizarse sobre la base del institucionalismo de la democracia representativa, que a su vez era un fruto del pensamiento liberal. Puesto que respondían a culturas distintas, sostuvo que entre "los dominicanos y los haitianos no es posible una fusión". Esta imposibilidad no nacía, pues, de diferencias raciales —que antirracismo no admitía— sino culturales.

De regreso al país se lanzó a una lucha sin tregua por concretar el propósito que alentaba. En aras de esta lucha, no escatimó sacrificios. Pese a que pertenecía a una familia importante de la burguesía comercial capitaleña, marginó todo afán de lucro, y rápidamente encontró discípulos y se convirtió en la figura cimera del nuevo movimiento. Era ya el maestro,en camino de devenir el Apóstol.

Fue en el seno de la clase media urbana donde sus ideas encontraron mayor eco. Para entonces, casi toda la aristocracia y demás grupos elevados se hallaban solidarizados con el régimen haitiano, razón por la cual fue imposible obtener, en los primeros años de aquella noble faena, su cooperación. Al irse ensanchando el movimiento, Duarte comprendió que se hacía imprescindible —dado el carácter absolutista del gobierno de Boyer— crear una organización clandestina que, siguiendo el modelo de las sociedades europeas de los "Carbonarios", asumiera la responsabilidadde dirigir las actividades.Así surgió la sociedad "La Trinitaria", que respondió a lo que en el futuro se llamaría una estructura "celular", y cuyos miembros se juramentaron en el momento de la fundación. El lema de esta sociedad fue: "Dios, Patria y Libertad". Luego surgió la sociedad "La Filantrópica", que realizó una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales.

Simultáneamente con el desarrollo del movimiento trinitario, en Haití, la oposición al gobierno de Boyer fue cobrando fuerza, impulsada por hombres de ideas liberales. Con fino sentido político, Duarte estimó conveniente —como paso previo a la independencia— colaborar con la aludida oposición.

A fin de llegar a un concierto al respecto, Ramón Mella —quien desde hacía algún tiempo se había adherido a "La Trinitaria" partió hacia Aux Cayes, a la sazón el mayor centro oposicionista, y obtuvo pleno éxito en su propósito. Boyer no demoró en ser derrocado, y Duarte contribuyó —en función de figura cimera de la rebelión contra Boyer en la zona oriental— a la consolidación de la victoria, mediante una acción bélica que tuvo lugar el 24 de marzo de 1843, en la ciudad de Santo Domingo. Charles Herard asumió el mando en Haití, como miembro de una Junta de Gobierno integrada por él y otros dos generales haitianos. Para asesorar a esta Junta se formó un Consejo Consultivo de ocho miembros, entre los cuales no figuraba ningún dominicano. Pero Duarte aprovechó la mayoría con que contaba dentro del movimiento liberal —también llamado "reformista"— en la región oriental, para crear bajo su dirección una Junta Gubernativa provisional que sirviera de base a la creación de la República Dominicana. Esto último aparecía condicionado por el acopio de armamento, la elaboración de planes militares y aportes económicos. Claro está: tales apoyos sólo podían obtenerse con la ayuda de la burguesía comercial, importadora y exportadora, y de los latifundistas (hateros), grupos que dándose cuenta de la grave situación política que el "reformismo" estaba creando en haití, comenzaron a alentar ideas colonialistas que se concretaron en las negociaciones cuya culminación fue el Plan "Levasseur". No había, pues, la posibilidad de lograr por el momento la aludida ayuda. Pese a ello, Duarte no cejó en el propósito. Envió a Mella al Cibao con el fin de levantar los ánimos e iniciar allí los correspondientes preparativos insurrecionales; y celebró en casa de su tío José Diez una importante reunión "con el intento de ver si podían unificarse las opiniones".

Fracasó en el empeño... Es más: al trasladarse Herard a la zona oriental, no demoró en tener noticias de lo que se tramaba, razón por la cual redujo a prisión en el Cotuí a Ramón Mella y al presbitero Juan Puigvert —que fueron enviados a Haití— y al llegar a la capital —hecho que la Iglesia Católica celebró con un "tedeum"— emprendió la persecución de numerosos ciudadanos, entre los cuales se encontraban Duarte y sus leales discípulos, Pedro Alejandrino Pina y Juan Isidro Pérez de la Paz. Catorce de los perseguidos fueron encarcelados, pero los recién citados —al igual que Francisco del Rosario Sánchez, quien después de incorporarse a la sociedad "La Trinitaria" logró prominencia en el movimiento— pudieron esconderse. A la postre, a los tres primeros les fue posible embarcarse hacia el exterior, "no habiéndolos acompañado Sánchez, porque alguna enfermeda le obligó a quedarse oculto, corriendo inmensos peligros".

El barco emprendió rumbo hacia el Sur, y después de varios días de viaje, llegó a playas venezolanas. Desde entonces, y hasta la víspera de su regreso a la patria —ya independizada— Duarte se fijó en Caracas.No realizó allí, al parecer, ninguna actividad remunerativa. Durante esos meses, un pensamiento dominó su ánimo seguir luchando por la independencia nacional y hacer en aras de ella todos los sacrificios necesarios. Visitó al presidente de Venezuela, general Carlos Soublette, con el fin de solicitar su cooperación a la causa. Le fue prometida... Pero las promesas no se cumplieron.

A Caracas apenas llegaban noticias del país.Era lógico que ello apesadumbrara y desesperara a Duarte. Por eso, en una reunión de venezolanos y dominicanos se acordó que Juan Isidro Pérez de la Paz y Pedro Alejandrino Pina, partieran hacia Curazao, ciudad enlazada con Santo Domingo por viajes frecuentes. Es probable que en el curso de esos meses en los cuales junto a la pesadumbre y la desesperación latió en su espíritu la confianza en el porvenir, redactara el proyecto de Constitución para la futura República, el cual por desventura, llegó incompleto a la posteridad.

Próximo a finalizar el año 1843, Duarte recibió una carta de suma importancia, fechada en Santo Domingo el 15 de noviembre y firmada por su hermano Vicente Celestino y por Sánchez. En ella se le reclamaban urgentes auxilios —especialmente en armas y dinero— y se le hacía saber que después de su partida, "todas las circunstancias han sido favorables". Se le decía, además, que era forzoso apresurarse porque "es necesario temer a la audacia de un tercer partido"; y se le recomendaba que regresara de inmediato al país por el puerto de Guayacanes, con el dinero y el material bélico solicitados. Claro está: si bien la noticia de la buena marcha de los trabajos tuvo que alegrarlo, a esta alegría se mezcló el dolor provocado por la imposibilidad en que él se hallaba de acceder al reclamo. En efecto, pese a sus esfuerzos, no había obtenido ayudas, y meses antes había escrito a sus hermanos exigiéndoles que ofrendaran "en aras de la patria, lo que a costa del amor y el trabajo de nuestro padre hemos heredado". De todos modos, decidió partir hacia Curazao y "hallar medios para fletar un buque y dirigirse a Guayacanes". Salió de Caracas "con la muerte en el corazón, sostenido por su fe en la Providencia". Pero no le fue posible llevar a cabo su propósito: una repentina enfermedad lo obligó a permanecer en Curazao, en compañía de Pina y Pérez de la Paz.

En el curso de esas semanas se produjeron en el país importantes acontecimientos... Sin renunciar al colonialismo, la aristocracia y los sectores pudientes se dividieron en lo relativo a las tácticas a seguir y a la potencia a la cual el país debía subordinarse. En lo que respecta a las tácticas, un importante sector de estos grupos sociales (Tomás Bobadilla ejercía la función de máximo asesor) consideró que lo indicado era pactar con los "duartistas" y luchar por la independencia como primer paso para lograr el protectorado de Francia. El vehículo entre este sector burgués y los "duartistas" fue Ramón Mella, y es casi seguro que para principios de diciembre el pacto ya había sido concertado, pero no hay documentación en la cual fundamentarse para afirmar que Duarte tuvo noticias de ello.

La colaboración de ese sector conservador precipitó el curso de los acontecimientos. Dio dinero para los preparativos insurreccionales y de las primeras comunicaciones que sobre el tópico transmitió el cónsul francé St. Denys, al ministro Guizot, se infiere que dicho cónsul tuvo una velada intervención en los preparativos. Además, la referida colaboración introdujo una novedad teórica en el seno del movimiento: en el Manifiesto del 16 de enero de 1844 —que fue redactado por Bobadilla— aparece por primera vez la palabra "separación" y no se habla específicamente de "independencia". Ello revelaba, con toda claridad, un desvío del pensamiento duartiano, y abría el campo a los propósitos proteccionistas o anexionistas.

Las más recientes investigaciones sobre la gesta del 27 de febrero, hacen ver de la importante participación de Bobadilla, quien se vinculó estrechamente con Santana tan pronto éste llegó a Santo Domingo con sus tropas de "seybanos". Nadie se opuso a que él asumiera la presidencia de la Junta Central Gubernativa que hubo de integrarse. De hecho, Bobadilla asumió la jerarquía política de la República en génesis, y Santana la jerarquía militar. Pero era evidente que Duarte no podía ser marginado. Se acordó, pues, que el buque "Leonor" partiera hacia Curazao para traer a Duarte a la República Dominicana.

El 14 de marzo el Apóstol llegó a la nueva capital, donde fue objeto de un entusiasta recibimiento.Al día siguiente fue nombrado miembro de la Junta Central Gubernativa y comandante del Departamento.

El triunfo del movimiento iniciado el 27 de febrero impulsó al presidente haitiano Herard a que fuera invadida la República con un ejército dividido en dos cuerpos, de los cuales uno penetró por el Norte y otro por el Sur. Correspondió a Santana enfrentarse a este último, logrando una resonante victoria en Azua, el 19 de marzo. Pero en vez de capitalizar esta victoria lanzando una activa persecución contra el enemigo, el aun bisoño jefe militar, prefirió retirarse desordenadamente a Baní y exigir al cónsul francés, que hiciera válidas sus promesas relativas al protectorado. Así las cosas, la Junta Central Gubernativa ordenó a Duarte que se dirigiera a Baní, con una fuerza militar organizada por su discípulo Pedro Alejandrino Pina, a fin de llegar a un acuerdo con Santana sobre la estrategia a seguir contra el invasor. Al no ser posible este acuerdo, Duarte requirió de la Junta la necesaria autoridad para actuar por su cuenta, y la respuesta de este organismo, dominado por Bobadilla, fue ordenarle a Duarte que regresara con sus tropas a la capital. La orden fue cumplida. Pero delataba que el pacto que el sector colonialista había concertado con el "duartismo" —cuya fuerza principal la brindaba la clase media—había quedado roto. Advino así una peculiar lucha de clases que a la postre culminó en el triunfo del sector colonialista.

En efecto, al ser derrotado el ejército haitiano que invadió por el Norte en la batalla del 30 de marzo, en Haití se produjo una grave crisis política que fue aprovechada por Santana para imponer su dominio, casi sin combatir, en toda la región del Sudoeste. En esos mismos días, Bobadilla y el doctor Caminero —que eran en la Junta Gubernativa los representantes más señeros del sector colonialista— convocaron a autoridades y "personalidades notables" a una reunión en la cual, con el apoyo del Arzobispo Portes e Infante expresaron sin reparos sus tesis colonialistas y la decisió de dar vigencia al Plan "Levasseur". Presentes en la reunión Duarte y sus discípulos, elevaron una firme protesta. La división en la Junta Central Gubernativa quedó así confirmada, y puesto que no había posibilidad de llegar a un acuerdo, el 9 de junio Duarte resolvió depurar a la Junta, mediante un acto de fuerza. Momentáneamente, el movimiento se impuso... Pero se produjeron fallos en su realización, razón por la cual no pudieron tomarse todas las medidas imprescindibles para consolidar el triunfo. Ante ello —y en vista de que Mella transmitía desde el Cibao noticias alarmantes— la nueva Junta ordenó a Duarte que se dirigiera a esta región del país, para que restableciera "la paz y el orden necesario para la prosperidad pública".

El 24 de junio, partió Duarte hacia la aludida región. Pero los "colonialistas" no se cruzaron de brazos. Informaron a Santana de lo que acontecía, y éste, a la vez que desconoció el nombramiento de la nueva Junta, decidió rebelarse, el 3 de julio, seguido por las tropas que él dirigía. Entretanto, habiendo sido objeto Duarte de entusiastas recibimientos en las poblaciones del Cibao, Mella promovió en esta región un importante movimiento tendiente a llevarlo a la presidencia de la República, honor que el agraciado solo se dispuso a aceptar, si ello respondía a la voluntad de la población, reveló que en el espíritu de Duarte el trasfondo romántico seguía vivo, pues era evidente que no había en aquellos momentos la menor posibilidad de llevar a cabo una consulta popular sobre el punto. No obstante, bien pudo influir en su ánimo la convicción de que, si aceptaba el honroso cargo, nada podría evitar —dadas las circunstancias— el estallido de una guerra fratricida, a la cual él se negaba a contribuir.

La insurrección de Santana triunfó. Con ello, el sector colonialista se hizo dueño del poder y se inició la persecución contra los independentistas radicales. Duarte fue encarcelado en Puerto Plata y remitido a la capital, donde, mediante una resolución gubernamental, fue declarado —al igual que Juan Isidro Pérez de la Paz, Pedro Alejandrino Pina, Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Juan Evangelista Jiménez, Gregorio Delvalle y J. J. Illas— traidor a la patria y expulsado del país. ¡Se inició así para el apóstol el más largo y doloroso de sus ostracismos!

Llegó a Hamburgo, Alemania, y desde allí tomó a los pocos días otro barco que lo llevó a St. Thomas. Luego siguió rumbo a Venezuela, país en cuyo interior estuvo doce años. Al fin, se avecindó en El Apure. Casi nada se sabe de su vida en el curso de esos largos años. Herido en lo más hondo del alma, buscó —como buen romántico— el consuelo de la naturaleza. Pero según afirma su hermana Rosa, escribió sobre la historia de su patria y sobre las costumbres de los pueblos que iba recorriendo. Infortunadamente, todos estos escritos se perdieron, "destruidos por las llamas (o) por el fuego de la ambición, que oculta con el manto de la libertad, destruye cuanto encuentra a su paso". Es casi seguro que no tuvo noticias del decreto de amnistía que en favor de él y de sus compañeros, el gobierno de Jimenes promulgó a principios de septiembre de 1848. ¡Y bien parece que dándose cuenta de que arruinado él y su familia, cualquier esfuerzo de su parte por torcer el rumbo político de su país sería estéril, prefirió que el curso de los acontecimientos desembocaran en una coyuntura propicia para su actuación!

Esta coyuntura no tardó en presentarse. Meses después de haberse producido la anexión de la República a España, en 1961, le llegó la noticia de la misma, se hallaba aún en la zona selvática del río Negro. De inmediato emprendió viaje hacia Caracas. En esta ciudad recibió proposiciones del cónsul español, entre ellas la de nombrarlo Capitán General de la colonia restaurada. Rechazó tales proposiciones, considerándolas indignas. Luego, el Ministro del Interior de Venezuela le ofreció un cargo, y este apreciamiento también fue rechazado, pues si lo aceptaba, tendría que reconocer "por patria el país a que servía".

En relación con estas proposiciones su hermana Rosa da a entender que él le dijo: "Acepté con júbilo la copa de cicuta que sabía me aguardaba el día que mis conciudadanos consideraran que mis servicios no les eran necesarios (pues) a mí me bastaba ver libre, feliz e independiente mi ínsula". Tomó, pues, rumbo hacia la patria en guerra, con la decisión de incorporarse al movimiento restaurador, del cual recibió informes desde Coro, enviados por Pedro Alejandro Pina. El 25 de marzo de 1864 llegó a Monte Cristy y de allí continuó viaje a Guayubín. Desde esta aldea envió una carta al Gobierno Provisional, informando de su presencia allí, y de su disposicióna incorporarse a la lucha bélica. El Gobierno le contestó mostrando regocijo por su llegada.

Entre otras cosas, la respuesta —firmada por Ulises F. Espaillat, Ministro de Relaciones Exteriores, encargado de la vicepresidencia— dice: "La Historia de los padecimientos de esta patria es la historia de su gloria". Dos semanas después, el gobierno volvió a dirigirse a él expresándole que "habiendo aceptado... los servicios que de una manera tan espontánea se ha servido usted ofrecernos, ha resuelto utilizarlos encomendándole a la República de Venezuela una misión de cuyo objeto se le informará oportunamente. En esta virtud, mi Gobierno espera que usted se servirá alistarse para emprender viaje"...

Pese a que el Apóstol ansiaba "participar de los riesgos y peligros que arrostran en los campos de batalla los que con las armas en la mano sostienen con tanta gloria los derechos sacrosantos de nuestra querida patria", se inclinó ante el requerimiento. En realidad, la República en armas necesitaba entonces de la ayuda moral y material de las naciones americanas fraternas, y nadie estaba más indicado para solicitar esta ayuda, que el Padre de la Patria. Partió, pues, hacia Haití, y desde allí se dirigió a St. Thomas; luego siguió viaje al continente, vía Curazao. Ya en noviembre se hallaba en Venezuela, donde tuvo noticias del establecimiento del nuevo gobierno restaurador, nacido de la depuración que en las filas del movimiento llevó a cabo el benemérito general Gaspar Polanco.

Desde Caracas, le escribió al Ministro de Relaciones Exteriores una importantísima carta de la cual extraemos los siguientes párrafos:

"Quedó impuesto de las razones del Gobierno respecto de su conducta con los traidores, y no quedo menos que decir a usted que mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán siempre víctimas de sus maquinaciones: el Gobierno debe mostrarse justo y enérgico en las presentes circunstancias o no tendremos patria y por consiguiente, libertad ni independencia nacional..."

"Báez dice en Curazao (a mí no me lo ha dicho pues no lo he visto), que en el Cibao se trata de una nueva anexión a los Estados Unidos, y que esto los hace estar tan orgullosos, otros suponen un partido haitiano y aún no hay quien hable de un afrancesado. Esto es falso de toda falsedad: en Santo Domingo no hay más que un pueblo que desea ser y se ha proclamado independiente de toda potencia extranjera, y una fracción miserable que siempre se ha pronunciado contra esta ley, contra este querer del pueblo dominicano... Ahora bien: si me pronuncié dominicano dominicano independiente desde el 16 de julio de 1838, cuando los nombres de libertad, patria y honor nacional se hallaban proscritos como palabras infames, y por ello merecí (en el año 1843) ser perseguido a muerte por esa facción entonces haitiana; si después, en el año 44 me pronuncié contra el protectorado francés ideado por esos facciosos y cesión a esta potencia de la península de Samaná, mereciendo por ello todos los males que sobre mí han llovido; si después de veinte años de ausencia he vuelto espontáneamente a mi patria a protestar con las armas en la mano contra la anexión a España, llevada a cabo a despacho del voto nacional por la superchería de ese bando traidor y patricida, no es de esperarse que yo deje de protestar (y conmigo todo buen dominicano) cual protesto y protestaré siempre, no digo tan sólo contra la anexión de mi patria a los Estados Unidos, sino a cualquiera otra potencia de la tierra, y al mismo tiempo, contra cualquier tratado que tienda a menoscabar en lo más mínimo nuestra independencia nacional y cercenar nuestro territorio o cualquiera de los derechos del pueblo dominicano".

Evidentemente, esos párrafos delatan el nacionalismo integral del Apóstol, del cual da también testimonio el Art. 6º de su proyecto de Constitución.

Su misión en la América del Sur, terminó al producirse la restauración de la República. Encontrándose en el poder el general Cabral, vislumbró las desventuras que se cernían sobre el país. Es más: se quejó indirectamente de hallarse, una vez más, en el ostracismo. Escribió: "¿Qué más se quiere del patriota? ¿Se quiere que muera lejos de su patria, él que no pensó sino en rescatarla; y con él sus deudos, sus amigos, sus compañeros, sus compatriotas que no sean bastante viles para humillarse y adorar el poder satánico que adueñado de la situación hace más de veinte años, dispone a su antojo del honor, de la vida, de las propiedades, de los mejores servidores de ese pueblo heroico hasta en el sufrimiento y tan digno de mejor suerte?" ¡Palabras terribles! ¡Anatema —hecho llama— contra los traidores! ¡Reconocimiento de la guerra a muerte entre los que tienen "hambre y sed de justicia" y los "iscariotes, escribas y fariseos"¡ Pese a la visión de ese porvenir aciago, no perdió la fe en su pueblo. Pues su religiosidad lo hacía confiar en la Providencia, y el juicio de Dios es "justiciero". Pero correspondía al hombre puro precipitar ese juicio. Mostró, por tanto, la disposición de contribuir a ello. Quiso, por tanto, reintegrarse a la lucha, "pues el amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados con la generación venidera (y) necesario es cumplirlos o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes".

No pudo satisfacer esta voluntad... Enfermo de cuerpo y de alma, su vida se fue gradualmente apagando hasta hundirse en la muerte el 15 de julio de 1876.

Biograf'ia Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos ( 1839 -  1903)

Eugenio María de Hostos (Mayagüez, 11 de enero de 1839 - Santo Domingo, 11 de agosto de 1903) fue un intelectual educador, filósofo, sociólogo y escritor puertorriqueño. Llamado el Ciudadano de América por haber entregado su existencia a la lucha por la emancipación de su patria, la unidad de las Antillas y de América Latina.

Biografía

Hostos estudió sus primeras letras en el Liceo de Puerto Rico. En 1842, su familia lo envía a Bilbao, España, donde se gradúa del Instituto de Educación Secundaria. Luego de graduarse, se matricula en la Universidad Central de Madrid. Allí estudió Derecho, Filosofía y Letras. Pronto comenzó a interesarse en la política, tomando partido decidido a favor de constituir en España una república federal. 

 En el 1863, publicó la novela política titulada La peregrinación de Bayoán para hacer entender en España la penosa situación colonial de Cuba y Puerto Rico. Cuando España adopta su nueva constitución en 1869 y se rehúsa a extenderle a Puerto Rico y a Cuba los derechos ciudadanos propios de una república federada, Hostos abandona España y viaja a Nueva York, Estados Unidos, para integrarse a la lucha armada que organiza la emigración por la independencia de ambas Antillas. Cuando observa que en el liderato independentista de la emigración predomina el anexionismo a los Estados Unidos, Hostos emprende su viaje a Suramérica para buscar apoyo a la causa de la libertad antillana. En su periplo visitó Colombia, Panamá, Perú, Chile, Argentina y Brasil. En Colombia logra la aprobación por el congreso de una ley en beneficio de la emigración cubana. En Panamá propone la creación de un canal neutral pero latinoamericano, y libre de las pretensiones de dominio imperialistas. Vivió algunos meses en Perú, país en que publicaba fervorosamente, especialmente en el periódico La Patria. Sus ensayos limeños son importantes documentos protosociológicos en que propone el mestizaje. Su modelo es el cholo quien recuerda al jíbaro. Con el peruano Joaquín Capelo fundó la sociedad Amantes del Saber para fomentar un ambiente intelectual en la capital peruana. En Chile pronunció las célebres conferencias sobre la educación científica de la mujer y el derecho de ésta a la educación plena y la igualdad de derecho. En Argentina proyecta la creación de un mercado común suramericano y el ferrocarril trasandino que se construyó de hecho más tarde.

Residió en la República Dominicana y en Chile donde implantó una nueva pedagogía dirigida a formar seres humanos completos capaces de construir en nuestros países sociedades libres. Hostos fundó la Sociología latinoamericana. Se aplicó desde la adolescencia a un continuo auto-examen de su conciencia y sus pasiones del que son frutos sus notables diarios y sus novelas de juventud. Además, su Tratado moral, del cual forma parte su conocida «Moral social», lo señalan como el moralista de mayor altura en el siglo XIX. Fue profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y el primer rector del Liceo Miguel Luis Amunátegui.

El reinicio de la guerra por la independencia que inició José Martí en Cuba en el 1895 coloca a Hostos nuevamente en campaña. Volvió a Puerto Rico en 1898, a propósito de la Guerra Hispano-Estadounidense. Participó activamente, junto a Henna y Manuel Zeno Gandía, en la Comisión de Puerto Rico que ventiló ante el Presidente William McKinley, sus secretarios y el Congreso federal los intereses y necesidades de Puerto Rico. Fundó además la Liga de Patriotas con la esperanza de educar al pueblo puertorriqueño sobre sus nuevos derechos bajo la Constitución federal norteamericana, particularmente el derecho a reclamar un plebiscito. Pero su esperanza de un Puerto Rico independiente se esfumó cuando el gobierno estadounidense decidió, con la ley Foraker de 1900, convertir la isla en una colonia.

Reconocimientos a Eugenio María de Hostos
• Desde 1986 el aeropuerto de su ciudad natal lleva su nombre.
• También la primera locomotora que cruzó los Andes llevó su nombre.

Cronología de Eugenio María de Hostos
(1839-1903) 

1839 - Nace el 11 de enero en el barrio Río Cañas de Mayagüez, Puerto Rico.

1847 - Estudia la primaria en el Liceo de San Juan, en Mayagüez.

1848 - Obtiene premio como el mejor estudiante de aritmética en el Liceo de San Juan.

1852 - Empieza su bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Bilbao, España.

1855 - Termina el cuarto curso de Latinidad en el Seminario de San Idelfonso en San Juan, Puerto Rico, y pasa a Bilbao.

1858 - Ingresa en las Facultades de Derecho y Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, en la cual es discípulo de don Julián Sanz del Río.

1859 - Pasa a Puerto Rico. Regresa a España.

1862 - Muere en Madrid doña María Hilaria de Bonilla y Cintrón, madre de Hostos. Pasa a Puerto Rico.

1863 - Regresa a España. Publica La peregrinación de Bayoán. Miembro de la Sociedad Abolicionista de la Esclavitud y del Ateneo de Madrid.

1865 - Escribe una carta al periódico La Iberia en que se refiere a los sangrientos sucesos estudiantiles de la Noche de San Daniel, ocurridos en Madrid el 10 de abril.

1866 - Continúa en Madrid su campaña por más libertades para Puerto Rico.

1868 - Realiza esfuerzos en favor de la República española. Después del triunfo de los republicanos españoles, rechaza la oferta de ser Gobernador de Barcelona. El 20 de diciembre pronuncia en el Ateneo de Madrid su célebre discurso contra el régimen colonial español en América.

1869 - Recomendado por el Partido Liberal de Puerto Rico como candidato a Cortes por Mayagüez. Se entrevista con el general Serrano, presidente del Gobierno Provisional, pidiendo autonomía para las Antillas. Parte a Nueva York. Primer encuentro con el Dr. Ramón Emeterio Betances. Continúa su propaganda en favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

1870 - Miembro del club de Artesanos de la Sociedad de Instrucción, de la Liga de los Independientes, de la Sociedad de Auxilios a los Cubanos. Colabora en el periódico La Revolución. Sale para Sur América. Visita Cartagena (Colombia), Panamá, El Callao y Lima (Perú). Fundador de la Sociedad de Inmigración Antillana en Cartagena.

1871 - Vive un año en Lima donde funda con un peruano el periódico La Patria, y crea la Sociedad de Auxilios para Cuba y la de Amantes del Saber. En diciembre llega a Chile.
 
1872 - Socio de la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile. Funda la Sociedad de Auxilios para Cuba. Recibe primer premio por su Memoria de la Exposición Nacional de Artes e Industrias, y publica la Biografía Crítica de Plácido.

1873 - Se publican sus conferencias sobre "La Educación Científica de la Mujer", el Ensayo Crítico sobre Hamlet, la segunda edición de La peregrinación de Bayoán. Sale de Valparaíso para Buenos Aires. Es miembro honorario de la Sociedad Fraternal Boliviana.

1874 - Vicente F. López a través de José Manuel Estrada le ofrece la Cátedra de Filosofía o la de Literatura en la Universidad de Buenos Aires, la cual Hostos declina. Visita Brasil; de Río de Janeiro sale hacia Nueva York pasando por Saint Thomas. En Nueva York publica en La América Ilustrada. Continúa su campaña en favor de la independencia de Cuba y Puerto Rico.

1875 - Sale del puerto de Boston en compañía del general Aguilera en expedición armada hacia Cuba. Regresa al puerto de Boston después del fracaso de la misma. Se establece en Puerto Plata, Republica Dominicana, donde funda y dirige los periódicos Las Tres Antillas y Los Antillanos, y colabora en Las Dos Antillas. Conoce a Gregorio Luperón, Segundo Imbert, Federico Henríquez y Carvajal. El club Cubano de Puerto Rico le nombra socio honorario y le comisiona ante los Gobiernos de Venezuela y Colombia.

1876 - Funda la sociedad La Educadora. Vocal de la sociedad patriótica, La Liga de la Paz. Sale de Puerto Plata hacia Nueva York, donde redacta el "Programa de la Liga de los Independientes". Se va a Venezuela y se inicia en la labor pedagógica.

1877 - Contrae matrimonio en Venezuela con doña Belinda Otilia de Ayala, natural de La Habana. Director de colegios en isla Magarita y Puerto Cabello.

1878 - El 6 de junio pasa a Puerto Rico, pero no desembarca. Se traslada a Saint Thomas, donde permanece por una temporada. Pasa a Santo Domingo y de allí, en septiembre, a Puerto Rico donde permanece hasta marzo de 1879.

1879 - Llega a Santo Domingo e inicia su labor educativa y cívica. Nace su primer hijo, Eugenio Carlos.

1880 - Funda y dirige la primera Escuela Normal del país y dicta cátedras de derecho y economía política en el Instituto Profesional.

1881 - Funda la Escuela Normal de Santiago de los Caballeros, en República Dominicana. Publica el opúsculo Los frutos de la Normal (exposición de pedagogía práctica-científica escrita por encargo del gobierno dominicano). En marzo, nace su hija Luisa Amelia.

1882 - Viaja por el interior de la República Dominicana (San Cristóbal, Baní y Azua). Nace su hijo Bayoán Lautaro.

1883 - Inaugura la cátedra de Economía Política en el Instituto Profesional. Dicta a sus alumnos las lecciones de sociología que más tarde formarán parte del Tratado de Sociología.

1884 - En septiembre se efectúa la investidura de los primeros maestros normalistas. Pronuncia un memorable discurso, que se publicó con el título de "Apología de la Verdad".

1885 - Llega a Santo Domingo el general Máximo Gómez, Hostos le da la bienvenida a nombre de la juventud capitaleña. Participa como delegado de Chile en el congreso Histórico de Colón, reunido en Santo Domingo. El presidente chileno, Domingo Santamaría, le extiende invitación, que Hostos declina, para que colabore en la educación pública de ese país.

1886 - En febrero se realiza la investidura del segundo grupo de maestros normalistas.

1887 - Socio correspondiente del Ateneo de Lima. Publica en Santo Domingo sus Lecciones de Derecho Constitucional. Nace su hijo Adolfo José. Se gradúan las primeras maestras normalistas, alumnas del Instituto de señoritas, dirigido por Salomé Ureña de Henríquez.

1888 - Miembro del Congreso Jurídico Internacional de Lisboa. Miembro honorario de la Sociedad de Estudios, Santo Domingo. En agosto, funda en Santo Domingo la Escuela Nocturna para la clase obrera. Publica en Santo Domingo su obra Moral Social. Llamado por el Gobierno de Chile para trabajar en la reforma de la enseñanza.

El 18 de diciembre parte para Chile, por vía de Curazao y Panamá. Le acompañan su esposa y sus hijos Eugenio Carlos, Luisa Amelia, Bayoán y Adolfo, nacidos en Santo Domingo.

1889 - Llega a Valparaíso. Es nombrado Rector del Liceo de Chillán, puesto que ocupa hasta 1890. Escribe Reforma de la enseñanza de Chile y Reforma del plan de estudios de la Facultad de Leyes en Santiago de Chile. Presidente honorario de la Academia Carrasco Albano, en Chillán. Colabora con Valentín Letelier y Julio Bañados Espinosa en el libro La reforma de la enseñanza del Derecho.

1890 - Dirige el Liceo Miguel Luis Amunátegui de Santiago de Chile hasta 1898. Escribe su Gramática General. Voto de gracias de la Sociedad dominicana por su labor educativa en Santo Domingo. Primer premio en el Certamen Varela del club del Progreso, de Santiago, por su trabajo Descentralización Administrativa. Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Chile. Director del Congreso Pedagógico de Chile y del Ateneo de Santiago. Nace su hijo Filipo Luis Duarte.

891 - Co-fundador de la Société Scientifique du Chili en Santiago. Escribe Crisis constitucional de Chile.

1892 - Miembro honorario de la Academia Literaria Diego Barros Arana en Santiago.

1893 - Confecciona programas de castellano, historia y geografía. Escribe un estudio sobre Manuel Antonio Matta.

1894 - Director del Congreso Científico de Chile. Escribe su Ensayo sobre la historia de la lengua castellana y la Historia de la civilización antigua.

1895 - Director del Centro de Profesores de Chile. Socio correspondiente del Centro Propagandista Cubano Martí de Caracas. Agente de la Junta del Partido Revolucionario de Cuba y Puerto Rico de Nueva York, en Santiago (1895-98). Hijo adoptivo del Ayuntamiento de Santiago.

1896 - Director de la Sociedad Unión Americana (pro Cuba) en Santiago. El 14 de febrero nace su hija María Angelina.

1897 - Miembro honorario de la Academia Literaria La Ilustración. Inicia la serie de Cartas Públicas acerca de Cuba, publicadas en la prensa de Chile y de la República Dominicana.

1898 - Renuncia al Rectorado del Liceo Amunátegui y a sus cátedras y tareas periodísticas y se embarca para Nueva York a continuar su apostolado por la independencia de Puerto Rico. Acepta comisión del gobierno de Chile para estudiar los Institutos de Psicología Experimental de los Estados Unidos de América, y embarca en Valparaíso con rumbo a Panamá. Llega a Caracas y sale para Nueva York comisionado por las emigraciones cubana y puertorriqueña de Colombia y Venezuela. En Nueva York funda la Liga de Patriotas, de la cual es nombrado presidente. Llega a Puerto Rico, funda en Juana Díaz el Primer Capítulo de la Liga de Patriotas y el Instituto Municipal. Se le designa en comisión a Washington junto a Julio Henna, Manuel Zeno Gandía y Rafael del Valle.

1899 - Se entrevista en Washington con el presidente William McKinley en compañía de Henna y Zeno Gandía. Regresa a Puerto Rico, funda en Mayagüez el Instituto Municipal. El Gobierno dominicano le llama a reorganizar la enseñanza pública en ese país.

1900 - Llega a Santo Domingo y es nombrado Inspector General de Enseñanza Pública.

1901 - Dicta a sus discípulos lecciones sobre sociología.

1902 - Es nombrado Director General de Enseñanza. Desempeña a la vez la Dirección de la Escuela Normal de Santo Domingo.

1903 - Fallece el 11 de agosto en su residencia de Las Marías, Santo Domingo, República Dominicana, en donde aún reposan sus restos en el Panteón Nacional.

Semblanza de Eugenio María de Hostos

Eugenio María de Hostos nace un 11 de enero de 1839, en Río Cañas, Mayagüez, Puerto Rico. Ingresa a la edad de 8 años al Liceo de San Juan y cuatro o cinco años más tarde es enviado a España a continuar sus estudios de bachillerato en la ciudad de Bilbao.

De regreso a Puerto Rico, 1855, pasó por el Seminario Conciliar de San Idelfonso Mayagüez. Por decisión paterna vuelve a España y en esta ocasión ingresa a la Universidad Central de Madrid a estudiar leyes. En España se dio a conocer por sus conocimientos, por la claridad de sus ideas y por su bondad.

Por el entorno en que creció en Puerto Rico, sobre la vida colonial, dejaron huellas en su formación de Hostos. Para ese momento, España, perdía su dominio en América, los pueblos lograban su independencia, esto hacía que Hostos soñara con independizar a Cuba y a Puerto Rico, estas dos islas antillanas aún permanecían bajo el dominio de España. Una de las características de este dominio eran las enseñanzas bajo la responsabilidad de la iglesia católica, donde todo proyecto de reforma, no se podía realizar, por los obstáculos que presentaban los métodos de enseñanzas de la iglesia, según cita la autora “Toda libertad en el orden de las ideas, en lo social, en lo político, era delito en las Antillas Coloniales”.

En la estadía de Hostos en su tierra natal, pudo constatar los errores del régimen, esto hizo que profundizara sus sentimientos patrióticos. En sus pensamientos políticos recibió la influencia del pensamiento bolivariano y de la federación de los Estados Americanos. Esto hizo que emprendiera en Madrid los trabajos por la independencia de las dos antillas, Cuba y Puerto Rico; citados por Pérez Galdós “un antillano llamado Hostos, talentoso y brilloso, de ideas y radicales “. Como consecuencia de estas ideas, Hostos escribe la novela Bayoan, expone la necesidad de unir los pueblos ibéricos con América en una confederación de la familia peninsular, insular y continental. Según nos dice Camila, la novela Bayoan, fue secuestrada por el gobierno para que no circulara en Cuba y Puerto Rico.

Hostos se involucró con el liberalismo español pensando que estas ideas coincidían con las ideas de independencia de las dos Antillas, decide unirse a los movimientos liberales para derrocar la monarquía española. Los revolucionarios españoles olvidaron el compromiso contraído con Hostos por lo que la noche 20 de diciembre, 18678, el presidente del Atento de Madrid, Marcio Nieto le cedió la palabra para que disertara, y este ( Hostos) dijo “Señores, yo no necesito deciros quien soy. Yo soy americano: yo tengo la honra de ser puertorriqueño y tengo que ser federalista, colono, producto del despotismo colonial, cohibido por él en mis afectos, en mis pensamientos, en mis actos, me vengo de él y una confederación de ideas donde fuera imposible una confederación política. Porque soy colono, porque soy puertorriqueño, por eso soy federalista. Desde mi isla veo a Santo Domingo, veo a Cuba.... y pienso en la confederación: recorro el semicírculo de islas que ligan geográficamente a Puerto Rico con la América Latina y me profetizo una confederación providencial......

Según comenta Camila Henríquez. “Estaba resuelto, debía volver América a laborar por la libertad, sembrar en ella las ideas que creía necesarias para la salvación de sus jóvenes pueblos, al romper con España rompía con sus amigos, con sus ambiciones personales, con su porvenir, pero no vaciló”.

Para confirmar su compromiso con la patria declara “mucho más doloroso que las balas, mucho más doloroso que los padecimientos físicos son los dolores de la patria, al la defensa de sus hijos blancos, mulatos y negros, he consagrados los años vigoroso de mi juventud. Dentro de la constitución Española no cabe mi patria, y donde no cabe mi patria no quepo yo. (187).

Para difundir sus ideales, visitó a América del Sur, durante tres (3) años visitó Colombia, Chile, Perú, Argentina y Brasil, allí escribió millares de artículos, pronunció centenares de discursos en pro de Cuba y Puerto Rico, tratando de ayudar a la revolución.

En su estancia en esos países, sacó tiempo para hacer campaña a favor de los chinos maltratados y perseguidos por personas sin conciencia, en el Perú. En Chile, trabajó a favor de la educación de la mujer. En Argentina apoyó la construcción del primer ferrocarril trasandino, en reconocimiento a su labor de apoyo se designó al ferrocarril el nombre de Eugenio Maria de Hostos.

En su estancia en Chile, sus amigos le publicaron su primera novela “La .......de Bayoan”, desde Brasil se embarca a Estados Unidos en 1874. en New York, dirigió en la colaboración del escritor cubano Enrique Piñeyro, la publicación “América Española”.

Según Camila Henríquez “hasta se atrevió a ir a Puerto Rico; pero fue desterrado en el acto y se trasladó 1875 a Puerto Plata, en República Dominicana. En esta ciudad dirigió la revista “Las Tres Antillas” y organizó el trabajo revolucionario de la numerosa colonia de emigradores cubanos.”

En 1877 se casa en Venezuela y se inicia en la labor de Magisterio, ejerciéndolo por poco tiempo en un colegio privado, Hostos decide formar en la Antillas hombres cívicos conscientes de sus deberes y derechos. En la República Dominicana solicitan su presencia (1879), a través de su gran amigo Gregorio Luperón, visionario al igual que él sobre la importancia de la formación de ciudadanos conscientes. En el 1880, funda la primera Escuela Nacional, formando sus primeros discípulos. Sobre este aspecto Camila Henríquez, señala “supo resistir con serenidad y sin flaqueza la oposición encarnizada de los que no le comprendían, si grande fue la lucha tuvo también muchos colaboradores entusiastas. Durante nueve años permaneció en Santo Domingo, difundiendo la enseñanza científica de la cual en América fue el activo defensor. Mientras eficazmente se ocupaba del magisterio, guiando y reformándolo todo, produjo una notada de obras destinada a la enseñanza”.

Se vio obligado a salir de la República Dominicana a fines de 1888, se dirige a Chile, llamado por el gobierno de ese país para que cooperara en la reforma de la enseñanza se le confió la rectoría liceos y una cátedra en la Universidad, allí vivió durante 10 años.

Hostos fue un enamorado del pensamiento científico, y entendía que educando las sociales se podían desarrollar armónicamente, por esto, Camila nos dice “Para Hostos la educación tienen un valor disciplinario: desarrollar los poderes de educación, y un valor ideal, perfeccionar al hombre para que sirva a los ideales sociales de justicia y a los universales del bien y la verdad.

En el año 1898, regresa Hostos a su querida patria, luego de pasar una breve estancia en los Estados Unidos, en Puerto Rico funda la Liga de Patriotas Puertorriqueña, sentó las bases con un fin político, trabajar para que la Unión Americana reconociera al pueblo de Puerto Rico derecho de decidir por si mismo de su suerte plebiscitamente. (Camila Henríquez).

No obstante, los esfuerzos de Hostos se desvanecían frente a imperio de los Estados Unidos y poco apoyo recibido en su país decide regresar a la República Dominicana en el 1900, luego de la caída del tirano Hereaux; esta vez llamada la caída de Santo Domingo acogió al Maestro y a su familia. Hostos mitigó su dolor un tanto al ver reunidos a sus discípulos y a sus auxiliares, dispuestos a volver al trabajo.

En fecha 11 de agosto, 1903, una fiebre infecciosa le arrebata la vida a ese gran maestro puertorriqueño, su entierro fue una manifestación de duelo, paz a sus restos.

Libros de Eugenio María de Hostos

• Discurso pronunciado en la primera investidura de alumnas del Instituto de señoritas, 17 de abril de 1887. Santo Domingo: La Nación, 1933.

• Estatutos de la Sociedad “Liga de patriotas Puertorriqueños”. New York: América, 1898.

• La Vega, República Dominicana. Escuela Normal. Enseñanza intuitiva; programas oficiales preparados expresamente para el uso de las escuela normales de la República. La Vega: R. Cruz Torres, 1904.

• Geografía evolutiva. Santiago de Chile: R. Miranda, 1895.

• Hamlet. Pról., Antonio S. Pedreira. Río Piedras: Universidad, 1929.

• Hamlet, estudio crítico. Buenos Aires: INTI, 1953.

• La peregrinación de Bayoán. Madrid: Imp. del Comercio, 1863.

• La peregrinación de Bayoán. Nota prel., Francisco Manrique Cabrera. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1970.

• La peregrinación de Bayoán. Pról., Julio César López. San Juan: Editorial San Juan, 1973.

• Lecciones de derecho constitucional. Santo Domingo: Cuna de América, 1887.

• Lecciones de derecho constitucional. París: P. Ollendorff, 1908.

• Liga de patriotas puertorriqueños. Edición conmemorativa, Centenario de su fundación. Presentación, Juan Mari Bras. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe; Ateneo Puertorriqueño, 1998.

• Meditando, Hamlet, Plácido, Carlos Guido Spano, Guillermo Matta, Lo que no quiso el lírico quisqueyano. París: Ediciones literarias y artísticas, 1909.

• Momentos para la palabra (Discursos). Comp. y anotaciones, Vivian Quiles-Calderín. Pról., Julio César López. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Oficina del Rector, Universidad de Puerto Rico; Federación de Maestros de Puerto Rico, 2000.

• Moral social. Santo Domingo: García Hermanos, 1888.
• Moral social. 2a. ed. Madrid: Bailly-Bailliere e hijos, 1906.
• Moral social. Introd. Rufino Blanco-Fombona. Madrid: América, 1917.
• Moral social. Pról. Pedro Henríquez Ureña. Buenos Aires: Losada, 1939.
• Moral social. Pról. Max Henríquez Ureña. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1962.
• Moral social. New York: Las Américas, 1964.
• Moral social. Introd. Eugenio Fernández Méndez. Madrid: Archipiélago, 1965.
• Moral social. Buenos Aires: EUDEBA, 1968.
• Moral social. Pról., Francisco Seguí. Barcelona: Vosgos, 1974.
• Moral social/Sociología. Pról. Manuel Maldonado-Denis. Caracas: Ayacucho, 1982.

• Proyecto de ley general de ensañanza pública. Edición conmemorativa, Centenario de su publicación (1901-2001). San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Oficina del Rector, Universidad de Puerto Rico; Federación de Maestros de Puerto Rico, 2001.

• Repartición de premios en el Liceo de Chillán. Chillán: La discusión, 1889.

• Romeo y Julieta. Ed. y notas Manuel Negrón Nogueras. Pról., Lidio Cruz Monclova. Apéndice de Carlos Arturo Torres. Río Piedras: Publicaciones Caguax, 1939.

• Tratado de sociología. Madrid: Bailly-Bailliere e hijos, 1904.

Obras Completas, 2a ed. 20 tomos. 1939. San Juan: Coquí, 1969. Edición conmemorativa del Gobierno de Puerto Rico 1839-1939.

• Diario, Tomo I, Vol. I.
El primer apunte está fechado en la Plaza del Carmen 1 y 2 (Madrid), 22 de septiembre de 1866 a la media noche, el último en Clinton Place 33, Nueva York, 3 de octubre de 1870. Contiene los recuerdos de su infancia, fechada en Nueva York, 24 de mayo de 1874, así como algunas cartas y discursos.

• Diario, Tomo II, Vol. II.
Cubre el periódo comprendido entre el jueves 24 de noviembre de 1870 en el Hotel Seronvalle de Lima, Perú hasta el 6 de agosto de 1903 en Estancia, Santo Domingo, República Dominicana.

• Páginas intimas, Tomo III.
Incluye a “Inda”, un diario que recoge los momentos cuando conoce a su esposa, la cubana Belinda Otilia Ayala; el “Libro de mis hijos” que comprende poemas, cuentos y comedias y sus “Cartas familiares”.

• Cartas, Tomo IV.
Cartas que Hostos escribió a personalidades y amigos como Práxedes Mateo Sagasta, Francisco Mariano Quiñones, Federico Henríquez y Carvajal, Tomás Estrada Palma, Guillermo Matta, Manuel Zeno Gandía, Gregorio Luperón, entre muchos otros. Aparecen aquí algunas cartas en respuestas a las suyas.

• Madre Isla, Tomo V.
Muchos de sus escritos sobre Puerto Rico como “La Liga de Patriotas Puertorriqueños”, “La primera comisión de Puerto Rico en Washington, “El gobierno civil en Puerto Rico” y sus “Cartas públicas”. En el “Apéndice”, se encuentran los “Estatutos de la Liga de Patriotas Puertorriqueños” y las “Entrevistas con periódicos newyorkinos” en las que se recoge su reacción a la invasión norteamericana a su isla.

• Mi viaje al sur, Tomo VI.
Experiencias de sus viajes por América: Colombia, Panamá, Perú, Chile, Argentina y Brasil.

• Temas sudamericanos, Tomo VII.
Ensayos y artículos diversos sobre la América Latina como “Tres Presidentes y tres repúblicas”, “El chino”, “El cholo”, “Trabajadores chilenos”, “Memoria de la exposición de Septiembre, 1872”, “En defensa de Chile”, “Cartas americanas” y “El ferrocarril trasandino”.

• La peregrinación de Bayoán, Tomo VIII.
Novela-diario escrita en 1863 con enfoque político cuyos personajes (Bayoán, Guarionex y Marién) representan las Antillas hispanas. Contiene un extenso “Prólogo a la segunda edición” que Hostos escribiera en 1873.

• Temas cubanos, Tomo IX.
Artículos, cartas y ensayos cuyo eje central es Cuba. Entre otros, contiene su importante biografía sobre Plácido, “El problema de Cuba”, y escritos sobre Antonio Maceo, Francisco Vicente Aguilera, Máximo Gómez y José Martí.

• La cuna de América, Tomo X.
Escritos sobre Cristóbal Colón, la República Dominicana y sus personajes más destacados como Duarte, Sánchez-Mella y Luperón. Así como sobre Haití y los artículos recogidos bajo el título “Civilización o muerte”.

• Crítica, Tomo XI.
Artículos de crítica sobre música, pintura, escultura, teatro y letras. Encontramos aquí sus celebrados ensayos “En la exposición” y “Hamlet”.

• Forjando el porvenir americano I, Tomo XII.
Temas que influyeron de forma decisiva en algunos países de América, principalmente en lo concerniente a la reforma de la educación que Hostos llevó a cabo en Chile y República Dominicana. Algunos de los ensayos y discursos son: “La educación científica de la mujer”, “El propósito de la Normal” y “Memoria del Rector del Liceo M. L. Amunátegui, año 1894”.

• Forjando el porvenir americano II, Tomo XIII.
Otros temas sobre la educación que se iniciaron en el tomo anterior. Debe destacarse sus comentarios sobre la enseñanza de las lenguas como latín e inglés, la universidad, las escuelas agrícolas, el kindergarten y la instrucción pública en Suecia y Suiza.

• Hombres e ideas, Tomo XIV.
Algunos de sus más importantes ensayos sobre hombres como Segundo Ruiz Belvis, Jorge Washington y Francisco Bilbao. Además, curiosa exposición de ideas sobre temas diversos como “La condición jurídica de los extranjeros en Perú”, “Estudio del libre cambio”, “La estadística criminal en Puerto Rico”, “El planeta Júpiter”, “Temblores de tierra y de nervios”, “Contra tonterías, ideas” y “El canal de Nicaragua”.

• Lecciones de derecho constitucional, Tomo XV.
Tratado sobre esta materia que Hostos impartiera en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Lo peculiar de estas Lecciones es que su autor le imprime un sello latinoamericanista. Por eso en el prefacio a la edición dominicana aclara que “Tales como son, van con anhelo de bien para todas las generaciones que se forman en la América Latina” .

• Tratado de moral, Tomo XVI.
En este tomo se recogen sus cuatro libros sobre moral. A saber, Moral natural, Moral Individual, Moral social y Moral social objetiva. Este último, recoge los comentarios sobre personalidades que Hostos considera que son los mejores ejemplos de la moral puesta en práctica como Sócrates, Confucio, Sucre y San Martín, entre muchos otros. Los cuatro libros están precedidos por unos “Prolegómenos” en los que el filósofo puertorriqueño sienta las bases de su pensamiento ético.

• Tratado de sociología, Tomo XVII.
Obra que ha llevado a algunos estudiosos a sostener -como Manuel Maldonado-Denis y Alfonso Latoni- que Hostos fue uno de los iniciadores de esta disciplina en la América Latina. Dividida en tres libros bajo los títulos de: Sociología teórica, Sociología expositiva y Nociones de sociología.

• Ensayos didácticos I, Tomo XVIII.
Más que “ensayos” estos escritos son tratados y textos que Hostos tituló Nociones. Éstas son: Nociones de ciencia e historia de la pedagogía, Historia de la pedagogía, Nociones de derecho penal y Nociones de derecho constitucional. Sus libros sobre pedagogía tratan sobre la historia de esta materia en Occidente y Oriente.
• Ensayos didácticos II, Tomo XIX.
Continuación del tomo anterior. Se recogen sus libros: Tratado de lógica (con unas “Breves nociones de filosofía”), Gramática general, Historia de la lengua castellana y su Historia de las civilizaciones semítica y china.
• Ensayos didácticos III, Tomo XX.
Último de sus textos. Diversos libros como: Geografía evolutiva, Geografía intuitiva, Manejo de globos y mapas y Geografía política universal. Éste último cubre prácticamente casi todos los continentes e islas del mundo.

OBRAS COMPLETAS (Edición crítica)

NOTA: Las nuevas Obras completas (Edición crítica) surgieron como un proyecto del Comité Pro Celebración del Sesquicentenario del Natalicio de Eugenio María de Hostos -hoy Instituto de Estudios Hostosianos- adscrito a la Universidad de Puerto Rico en 1988. Las mismas han estado a cargo de Julio César López como Editor-Jefe y han sido revisadas y ampliamente anotadas por Vivian Quiles Calderín y Pedro Álvarez Ramos, entre otros. Este proyecto todavía no ha concluido, por lo que colocaré las entradas en el orden que se han publicado y añadiré eventualmente aquéllas que se vayan dando a la luz pública.

• La peregrinación de Bayoán. Pról. José Emilio González. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1988.

• Tratado de sociología. Pról. José Luis Méndez. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1989.

• Diario 1866-1869. Pról. Gabriela Mora. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1990.

• Ciencia de la pedagogía (Nociones e Historia) . Pról. Leonides Santos y Vargas. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1991.

• Cuento. Teatro. Poesía. Ensayo. Pról. Marcos Reyes Dávila. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1993.

• Crítica. Pról. Marcos Reyes Dávila. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Instituto de Cultura Puertorriqueña; Universidad de Puerto Rico, 1994.

• La tela de araña. Pról. Ernesto Álvarez. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Universidad de Puerto Rico; Oficina del Rector, Recinto de Río Piedras, 1997.

• Tratado de moral. Est. prel. Carlos Rojas Osorio. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Universidad de Puerto Rico; Oficina del Presidente, Administración Central, 2000. 

• Epistolario 1865-1878. Est. prel. Julio César López. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Universidad de Puerto Rico; Oficina del Presidente, Administración Central, 2000. 

• Puerto Rico - Madre-Isla. Próls. Juan Mari Bras y Félix Córdova Iturregui. San Juan: Instituto de Estudios Hostosianos; Universidad de Puerto Rico; Oficina del Presidente, Administración Central, 2001.

ANTOLOGÍAS
• Antología. Pról., Pedro Henríquez Ureña. Selección y apéndice, Eugenio Carlos de Hostos. Madrid: J. Bravo, 1952.
• Eugenio María de Hostos: Sociólogo y maestro. Selección, introd. y biblio., Manuel Maldonado-Denis. Río Piedras: Antillana, 1981.
• Hostos. Pról. y selección, Pedro de Alba. México: Secretaría de Educación Pública, 1944.
• Hostos, América la lucha por la libertad. Introd., Manuel Maldonado-Denis. México: Siglo XXI, 1980.
• Hostos en Santo Domingo. Santo Domingo: J.R. vda. García, 1939.
• Hostos y Cuba. La Habana: Municipio de La Habana, 1939
• Los rostros del camino (Antología). Selección y pról., Julio César López. San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña; Instituto de Estudios Hostosianos; Universidad de Puerto Rico, 1995.
• Obras. Comp. y pról., Camila Henríquez Ureña. La Habana: Casa de las Américas, 1976.
• Obra literaria selecta. Selección, pról., biblio. y cronología, Julio César López. Caracas: Ayacucho, 1988.
• Páginas dominicanas. Selección, Emilio Rodríguez Demorizi. Santo Domingo: Librería Dominicana, 1963.
• Páginas escogidas. Biobiblio., selección y notas, José D. Forgione. Buenos Aires: A. Estrada, 1952.
• Textos. Pról., selec. y notas, José Luis González. México: UNAM, 1982.

TRADUCCIONES

• America: The Struggle for Freedom. Ed. Manuel Maldonado-Denis. Trans. Vivian Otero and Shannon Lachicotte. San Juan: Office of Cultural Development of the City of San Juan; City University of New York; Institute of Hostosian Studies, 1992.

• Essais. Traduit de l'espagnol pour Max Daireaux. Préface pour Pedro Henríquez Ureña et Antonio S. Pedreira. Paris: Institut international de coopération intellectuelle, 1936.

• Eugenio María de Hostos: Promoter of Pan Americanism. Ed. Eugenio Carlos de Hostos. Madrid: J. Bravo, 1953.

• The Lima Resolution, The Essay on Hamlet and other papers. Cambridge: Harvard UP, 1940.

Muerte de Eugenio Maria de Hostos 

Eugenio María de Hostos murió en Santo Domingo, República Dominicana, el 11 de agosto del 1903; a la edad de 64 años. Su cuerpo está enterrado en el Panteón de los Héroes Nacionales en Santo Domingo siendo el único puertorriqueño en estar ahí. Su último deseo fue morir en Santo Domingo y que fuese llevado a Puerto Rico cuando su patria fuese libre.